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Julio 2008
Pies calientes



¿Es usted de aquellos que pasan largas horas sentados al volante y con los pies enfundados en zapatos que les impiden airearse y disipar la humedad? Pues le conviene leer esta nota ya que el verano exige más cuidado de sus pies que ninguna otra época del año.

Si hiciéramos una encuesta informal entre camioneros, la mayoría diría que prefiere el invierno al verano. La razón: las sudorosas noches donde no hay cómo soportar el calor sin encender el aire acondicionado.

Pero no vamos a hablar aquí de la importancia de contar con un equipo anti-ralentí que enfríe su cabina sin encender su motor, sino de cómo la temporada afecta su bienestar en un aspecto muy descuidado por los transportistas hispanos: la salud de sus pies.

¿Sandalias para todos?
Ciertamente son muchos los que, en estos días más cálidos, ya empezaron a dejar atrás las zapatillas, las botas o los zapatos de cuero, por un calzado mucho más aireado y sano para sus pies. Las chancletas o chanclas, junto con las sandalias son las preferidas en este tiempo por los camioneros que pasan largas horas sentados sin mucha oportunidad de estirar las piernas.

Algunos expertos de salud sostienen, sin embargo, que las frescas sandalias que se utilizan en el verano —y que son recomendables para quienes permanecen largas horas con el calzado puesto, como los camio­neros—pueden traer impensados problemas, en especial si se usan para caminar por largos periodos.

Según el doctor Christian Robertozzi, presidente de la Asociación Médica Podológica Americana (APMA), “las chanclas ofrecen poco apoyo para el puente del pie, además de poca protección o absorción de golpes. Tendonitis, dolor en el puente del pie y torceduras de tobi­llos son algunos de los problemas más comunes que pueden causar las chancletas”, afirma.

De hecho, la mayoría de expertos de la industria del calzado afirman que las sandalias no fueron nunca pensadas como prendas de uso diario, sino para dotar al usuario de un calzado para el suelo de las piscinas o las duchas. A pesar de ello, si aún así no puedes dejar de llevar esas frescas sandalias, sigue estos consejos:

Calzado apropiado. Considere si el calzado que usa está hecho para caminar. El calzado absolutamente plano y flexible no debe llevarse para caminar largas distancias. En vez de eso, elija una suela que no se doble excesivamente, así evitará dolor de puente y de talón.
Los materiales. Elija bien el tipo de material. Sandalias y chancletas de material natural (tales como un cuero suave y flexible) evitarán callos y piel muerta en los talones.

Zapatos de trepar. Lleve zapatos específicos para realizar actividades concretas. Si parte de su trabajo consiste en trepar a un tanque o a una plataforma, es preferible contar con un calzado que tenga una suela rugosa de jebe que ofrezca protección contra los resbalones. Además, una mala selección del calzado puede ocasionar una lesión en tus tobillos.

Tacos y tacos. Vigile la altura de los tacones. Este consejo va en especial para las mujeres: cualquier altura por encima de las 2 pulgadas puede causar problemas y tambaleos. Un tacón más bajo y más ancho le dará mejor soporte y equilibrio, y reducirá así la presión en los dedos y en la planta del pie.

Cuidado del sol. Si va a caminar al aire libre con sandalias, cuide de aplicarse protección solar a sus pies y tobillos, de esa manera evitará quemaduras causadas por el sol.

Evitando los hongos en las uñas
Otro problema típico de esta época son los hongos de las uñas del pie, llamado toenail fungus o Onycho­mycosis. Mucho más común de lo que uno se imagina, según la página de internet de The Food Health Network, se supone que más de la mitad de los estadounidenses de 70 años sufre de este mal. Raro entre los niños, su incidencia se incrementa sensiblemente con la edad. Las infecciones ocurren cuando el hongo se introduce en la uña a través de una pequeña herida y de ahí crece y se extiende en el ambiente cálido y húmedo que ofrecen las medias y los zapatos.

Hay diversidad de hongos de uñas, pero la mayor parte produce hin­chazón, color amarillento (a veces marrón o blancuzco), engrosamiento y desmoronamiento de la uña, y hasta la pérdida total de la uña.

La infección puede ocurrir en cualquier uña —incluyendo las manos— pero la más difícil de tratar es la que ocurre en las uñas de los pies, ya que éstas crecen de manera más lenta.

Cómo lo contrae. Se contagia especialmente en las zonas húmedas de los gimnasios, las duchas o las piscinas y se pasa entre los miembros de la familia. Usar un calzado demasiado apretado o unas medias ceñidas incrementa las posibilidades del contagio pues ello no permite que sus pies sequen su humedad. El hongo se contagia, además, de una uña a otra o a cualquier otra parte del cuerpo.

Es importante secar los pies después de un baño o de haber hecho ejercicio, en especial si usted tiene algo quebrantado su sistema de inmunidad, como en el caso de sufrir de diabetes. Si ese es su caso, debería cuidar sus uñas con un podiatra.

Prevenir es mejor. Dado lo difícil que es erradicar este mal, es preferible tratar de prevenir el contagio. Por ello es preferible usar sandalias cuando se desplaza por duchas públicas como las de las paradas de camiones y no usar zapatos, medias o toallas de personas que ya han sido contagiadas.

Lave sus pies con regularidad y séquelos cuidadosamente si se mojan. En el caso de las mujeres no es aconsejable usar tinte de uñas pues éste suele sellar el hongo en la uña y le permite crecer. Tenga sus uñas bien cortadas y desinfecte cualquier instrumento que use para cuidarlas.

Si usted ya padece o cree padecer del hongo de las uñas, vea a un doctor especializado, quien puede extraer lo más que se pueda de la uña dañada, ya sea recortándola, limándola o di­­solviéndola. Un tinte de uñas medicado podría servir si la infección no se ha extendido, pero una infección seria deberá probablemente ser tratada con una receta antifungal de medicamentos orales.




La talla correcta
¿Sabía que sus pies cambian de tamaño con los años?

¿Cuándo fue la última vez que se midió los pies? Si fue hace tanto tiempo que ya ni lo recuerda, quizá sus pies estén sufriendo y necesitando una talla diferente de zapatos. Basta con recordar que un calzado apretado amplifica la posibilidad de que sus pies se contagien e incrementen su propensión a los hongos.

Según la Asociación Médica Americana de Podología, el 40 por ciento de hombres y mujeres encuestadas no podían recordar la última vez que se habían medido los pies.

Ya que el 84 por ciento de hombres y mujeres encuestados eligen comodidad sobre estilo a la hora de comprar zapatos no deportivos, resulta realmente sorprendente que la medición de los pies esté totalmente en un segundo plano.

Mucha gente no sabe que el tamaño de los pies puede cambiar a lo largo de la edad, de un fabricante a otro y, en muchas mujeres, durante el embarazo. Esto puede acarrear desde ampollas y callos ocultos hasta neuromas nerviosos o juanetes irritados. Así que es muy importante encontrar el zapato adecuado.

Siga estos consejos con referencia a su talla apropiada:

  • Es importante recordar que es preferible esperar que sea un poco tarde en el día cuando se esté probando un nuevo zapato ya que el pie se ensancha durante la tarde. Cuando se mida los pies o se prueba un nuevo calzado, debería estar puesto (a) de pie.
  • No se preocupe si ambos de sus pies no son de la misma talla. Si se da este caso, compre la talla del zapato para el pie más grande.
  • Al comprarse un nuevo par de zapatos, pruebe los zapatos en ambos pies y camine por la tienda, preferiblemente en una superficie dura.
  • No compre zapatos que nece­siten un período de adaptación al pie. Los zapatos realmente apropiados y confortables son aquellos que encajan y que son cómodos inmediatamente.
  • Realice una prueba de calzado con los mismos calcetines que se va a poner con esos zapatos (especialmente por el grosor y tipo de tela).


FUENTES:
Asociación Médica Podológica Americana (www.apma.org)
Foot.com (www.foot.com)

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