| Julio 2008 |
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Usted cuenta
Por Eugenio Ramírez
Hace unos días escuché una entrevista en la National Public Radio con el periodista Geraldo Rivera. Era sobre su nuevo libro titulado Hispanic. Decía que, aunque nacido en Nueva York de padre puertorriqueño y madre judía de Nueva Jersey, él se sentía latino. Su padre, algún día cuando chico, le dijo que hablar dos idiomas era como tener dos almas, y que ellas le permitirían comunicarse con dos diferentes grupos de personas. El tema me llamó tanto la atención que me compré el libro.
Geraldo habla del rechazo que algunos hispanos sentimos por lucir diferentes ya que, si luciéramos escandinavos, la diferencia sería menor. Habla de las diferencias entre nosotros mismos y de la percepción que otros grupos tienen de nosotros. De la manera más profesional presenta una serie de datos estadísticos de las grandes masas migratorias de hispanos a los EEUU.
Habla de la diferencia entre los cubanos en la Florida y los mexicanos en California.
Según él, las proyecciones demográficas indican que EEUU lucirá en un futuro no muy lejano como luce hoy la ciudad de San Antonio, Texas. La mezcla de razas y la pérdida de nuestro idioma a medida que las generaciones vayan pasando darán paso a la nueva cara de los EEUU. Esto no es nada nuevo ya que ocurrió con la llegada de los europeos durante la Conquista, guerras mundiales y oportunidades que este país siempre ha ofrecido a los inmigrantes.
La tónica cambia de rumbo cuando empieza a hablar de algunos personajes de la televisión nacional que parecen encontrar aceptación con sus audiencias cuando atacan a los hispanos. Utilizan temas como el de las pandillas, el de “invadir” pueblos pequeños donde le quitan los trabajos a los locales, de violaciones de derechos humanos y de las leyes, de no pagar impuestos y de abusar de los servicios públicos.
En los meses previos a las elecciones el tema migratorio siempre parece ser un tema delicado, pues los candidatos ya sean congresistas o candidatos presidenciales tratan de mantener una postura que satisfaga a los que pudieran quitarles votos a su favor.
Lamentablemente, aparte de la diferencia física que nos separa de otros grupos étnicos, todo gira al rededor de un “sello” en un pasaporte.
Al final del libro, Geraldo habla de los méritos de los hispanos que no mencionan aquellos en nuestra contra: como los peloteros de las grandes ligas, los presidentes de firmas multinacionales, los políticos que gobiernan ciudades como Los Ángeles y anteriormente Miami, de los miles de hispanos (y algunos de ellos indocumentados) que sacrifican sus vidas y defienden las de los mismos antagonistas con ir a Irak y guerras anteriores, las de los mismos jardineros que seguramente cuidan de los patios de muchos en contra nuestra, y así muchos otros ejemplos.
Pienso que la historia se repite cada cierto tiempo y ocurre en diferentes lugares. ¿Alguien recuerda ver a jugadores negros vistiendo el uniforme de la selección de fútbol de Alemania? ¡Guau! Que manera de cambiar de actitud.
Si usted es ciudadano de este país, haga valer su voto. Es su derecho.
Hasta la próxima.
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